Asabedi

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viernes, 24 de marzo de 2017

RECOMENDACIONES CULTURALES: "LA VIDA ES UN REGALO. Una mujer que pilota con mano firme su vida"

María de Villota Comba nació en Madrid el 13 de Enero de 1980. Fue la segunda de los tres hijos de Emilio Villota, uno de los primero pilotos españoles de Fórmula 1.

Influida por el ambiente que se respiraba en su casa, a María le sedujo la velocidad desde que era muy pequeña, y pese a la aposicion de sus padres, empezó en el mundo del motor en 1996, a sus 16 años.
Compaginó sus estudios en EEUU para mejorar su nivel de inglés y se matriculó en Empresariales, carrera que dejaría para licenciarse en Ciencias de la Actividad Física y Deporte, estudios que le parecían más idóneos para tener más fuerza física, el único obstáculo real que veía en su camino hacia su sueño: ser piloto de Fórmula 1.

Con el paso de los años fue abriéndose camino como profesional del motor, consiguiendo numerosas marcas e importantes premios a nivel nacional e internacional. Y es que en un mundo tan masculino como el del automovilismo María estaba obsesionada con que se la valorara por sus méritos, que eran muchos.

Sin embargo, las cosas se torcieron completamente el lluvioso 3 de julio de 2012, cuando la joven piloto hacía unas pruebas de aerodinámica en el aeródromo inglés de Duxford, al impactar su coche, a 65km./h., contra la rampa de un camión de material que estaba a pie de pista. Se debió a un fallo humano, el coche quedó bloqueado y no respondió  a las maniobras que ella hizo para el evitar el choque. Una colisión brutal a la altura de la cabeza que casi le costó la vida. Tras una intervención de 17 horas, le recompusieron el cráneo partido, sin poder evitar que perdiera su ojo derecho.

Su entrenador personal con el que había iniciado una relación sentimental algunos meses antes, no se separó de su lado en su larga espera y difícil recuperación, llegando a contraer matrimonio.

En octubre de 2012, María de Villota reapareció públicamente. Sonriente, cálida y con una empatía que siempre la caracterizó. Ante la pérdida de su ojo derecho usaba parches, los cuales combinaba con la ropa que vestía; y su enorme sonrisa la convirtieron en un referente de coraje, fuerza y superación. María, tras el accidente perdió el olfato, sufría pesadillas, fuertes dolores de cabeza y otras secuelas físicas, aunque las cicatrices dejaron de importarle cuando su padre le hizo ver que eran el recordatorio de lo logrado; fue entonces cuando dejó de sentir pena por sí misma, elevando sus cicatrices a la categoría de medallas de honor.

María estaba convencida de que la pérdida de su ojo había sido por algo, porque le esperaban otras cosas en la vida además de los coches, algo más importante, asegurando sentirse mejor persona y “ver mucho más allá” desde la pérdida ocular derecha.

A partir del trágico accidente mostró una extraordinaria capacidad para reinventarse. Desde entonces, la solidaridad sería su razón de vivir, llegando a ser la “Fundación Ana Carolina Díez Mahou” el centro de su vida, ayudando a niños afectados por enfermedades neuromusculares genéticas.

A consecuencia de las lesiones neurológicas del accidente, María falleció de forma natural mientras dormía el 11 de octubre de 2013 en Sevilla, horas previas a su participación en un Congreso, saliendo a la luz su proyecto autobiográfico tres días después “La vida es un regalo”.

La Fundación en colaboración con la familia, deciden continuar su labor difundiendo sus valores y obras solidarias, con el recuerdo de su eterna sonrisa, fundando “El Legado de María de Villota”. Una iniciativa que nace en 2014 para difundir los valores de la piloto, y continuar su labor solidaria junto a las personas enfermas y colectivos más necesitados.

Superación en la dificultad, disciplina en su preparación, perseverancia en sus objetivos, optimismo como actitud, espíritu de equipo y sacrificio, empatía con las personas que le rodean, fueron sus valores y señas de identidad.




Personalmente, recomiendo leer “La vida es un regalo…” la he leído tres veces y seguiré siendo repetitiva por cosas que expone como éstas, María, la de la brillante sonrisa, y su parche a juego con su ropa, en su libro:

“Aún no he podido cerrar un capítulo de mi vida, empezar de cero, olvidarme de los que mi mano no cogieron, Pero con lo que no puedo, me supera y entristece tanto… es con los niños como Rubén, niños que viven una vida tan injusta que me hacen sentir rabia por vivir aquí, en este mundo. Pero luego, cuando lo pienso, me doy cuenta de que aún tengo mucho que darles. Mucho que transmitirles. He tenido la suerte de vivir otra vez, de tener una segunda oportunidad. Y sé que mi sonrisa es lo mejor de mí que ellos se pueden llevar. Transmitirles, como siento, que he sido muy afortunada de estar aquí, de vivirles, aunque solo hubiera sido un ratito, porque la vida, a pesar de todo… LA VIDA ES UN REGALO”.



Mª Oliva Alfaro Tello

jueves, 9 de marzo de 2017

EXPERIENCIAS PERSONALES: "TA, TA, TA,... UN SONIDO, UN SENTIDO".

Lo cotidiano que es escuchar el despertador por la mañana que nos anuncia una nueva jornada diaria, unos para ir a trabajar, otros a estudiar... y lo bello que es oír un “te quiero” de las personas a las que amamos: nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros padres...
Oír, escuchar, oír, escuchar... un sentido con el que el ser humano nace, y a lo largo de nuestra vida se convierte en mecánico, es algo que debe funcionar bien. No nos damos cuenta de lo importante que es hasta que se ausenta o nos encontramos con dificultades en la audición.

De esto sabe mucho nuestra pequeña Julia, que ya a su corta edad, ha vivido muchas experiencias.

Dos jóvenes, enamorados, se casan y deciden dar el paso más grande e importante de sus vidas: tener un bebé.
Tras su búsqueda, María José se queda embarazada, y su familia, amigos y ellos mismos, viven esta espera muy emocionados e ilusionados. Unos padres jóvenes, primerizos, dispuestos y comprometidos a dar todo su amor a su hijo/a.
El embarazo se desarrolló correctamente, y un 15 de Julio nació un bebé hermoso  al que llamaron “Julia”.

Una niña preciosa y sana, así lo indicaron las pruebas pertinentes que se le realizan a los niños nada más nacer, pero Julia lloraba y lloraba.

A los quince días le comunicaron a sus padres que la niña padecía el “cólico del lactante” (gases), que se sabe la aparición pero depende del bebé cuando finaliza. A los cuatro meses la niña ya se mostraba calmada, y tras la incorporación de la madre al trabajo, la pequeña Julia pasó a quedarse con su abuela.

María José recogía a su niña y preguntaba cómo se había portado, su suegra le respondía que muy bien, que era muy buena, que siempre estaba durmiendo.
Esta conducta ya a estas alturas suponía uno de los indicadores de que algo no iba bien. También tienen un sobrino que tiene sólo un mes más que Julia y comparaban su desarrollo con el de la niña.
A los 12-13 meses, Julia comenzó a asistir a la guardería y desde allí, junto con el personal del centro de salud tras una de sus revisiones, comunicaron a sus padres que la niña realizaba conductas que no eran adecuadas para su edad, altura por debajo de los parámetros, no atendía a estímulos, no inició la marcha, la sentaban y se ladeaba y caía, hacía mucha caca y esta tenía un fuerte olor…
Su educadora, Marisa, les fue de gran ayuda, en su insistencia por controlar el pipí y consiguiendo que la niña no se quedara en las comidas molidas y pasara a comerlas enteras.

Desde su instinto de madre y a pesar de la apariencia de normalidad que todos le daban, María José sabía que las cosas con Julia no andaban bien, y siempre comenzaba un día y otro y otro con la esperanza de que no pasaba nada, hasta que llegó esa llamada de atención y la confirmación de que verdaderamente existía un problema.

Aquello fue un devenir de hospitales, pruebas, especialistas... lo cual supuso para los padres la sombra de la incertidumbre, el no saber si estaban haciendo lo adecuado, el pensar si necesitaba de algo y no se lo estaban haciendo ya, el pensar “qué tendrá”,... fue una etapa de las peores, psicológicamente hablando.
Al final determinaron que tenía una sordera profunda, acompañada también  de problemas digestivos (no procesaba bien los alimentos y no realizaba bien su función).

Además de la colocación de los audífonos, Julia también estuvo asistiendo a un centro de Atención Temprana en San Fernando, donde la atendía un fisioterapeuta y un psicólogo.

A nivel escolar, Julia realizó su periodo de infantil en el C.E.I.P. “Padre Muriel”. Fue difícil porque para una persona  con problemas de audición es complicado desarrollarse en un aula con 25 alumnos, la atención no es personalizada, y a pesar que se contaba con monitora, la niña tenía problemas con el lenguaje... En definitiva, no era el sitio más adecuado para Julia.

En una de las visitas al otorrino, le hablaron del colegio de sordos de Jerez de la Frontera. En un comienzo, Julia asistía una vez a la semana, pero no se enteraba de mucho y no conseguía adaptarse, así que decidieron escolarizarla. No tendría problemas, ya que le pondrían el transporte, con un monitor que la acompañaría en el viaje. Tendría un horario en que salía a las 9:00h y llegaba a las 16:00h y comía en el comedor del centro.

Esta decisión fue difícil y complicada porque no querían sacar a la niña de su entorno, su colegio, su pueblo... quitarla digamos de la “normalidad” para estar en un entorno más “especial”. Por eso les costó decidirse. Otro de los motivos es que la niña aprendía  por imitación, y al haber niños con problemas graves... 
Pero hoy en día están convencidos de que fue lo mejor que hicieron, ya que Julia está muy contenta en el colegio, con sus compañeros y sus profesores.

En este colegio trabajan mucho el lenguaje y lo acompañan con los signos, con la finalidad de aprender este sistema de comunicación. Además, le asignan tareas y responsabilidades (cada día nombran a un alumno responsable de contar los alumnos, indica el día de la semana que es, si hace sol o llueve...).

A nivel cognitivo, sigue el currículo de infantil, ya que debido a sus problemas de audición presenta un retraso en el lenguaje.
En definitiva, la asistencia a este centro especializado es positiva para Julia, ya que la va a hacer una niña muy concienciada, empática y tolerante.

Hablar de la familia de Julia es hablar de UNIDAD y APOYO, con mayúsculas. Sus abuelos, sus tíos, sus primos (Alba, María y Salvi, con los que siempre juega y quiere con locura)... han estado siempre que los han necesitado. Siempre se están reuniendo y buscando ocasiones para juntarse. Julia está perfectamente integrada y recibe todo el amor y cariño de todos.



Se lleva muy bien con sus primos, en especial con su primo Aarón. Se llevan muy poco y es su primo, su amigo y su protector. La acompaña a todos lados, siempre velando por su bienestar y su seguridad. La acompaña al baño, la lleva de la mano al caminar, si se retrasa y se queda atrás, la espera y va con ella, siempre está pendiente de que no tropiece con obstáculos y sufra una caída... con lo pequeño que es, Aarón ha adoptado el rol de “protector con su prima”.


Julia asiste a todas las fiestas y cumpleaños que organizan, y está en contacto con su medio y entorno más inmediato.
Su tía Espe está siempre involucrándola en las actividades que realiza el colegio donde asiste su  hijo, aunque no se encuentre escolarizada en él. Esperanza siempre está luchando para que su sobrina esté y comparta con los otros niños, intentando integrarla y que sea una más.
La madre de Julia nos confiesa que sin su apoyo, y en definitiva todo la familia y el entorno que está con ellos y quieren a Julia, les hubiera sido muy difícil salir adelante, por eso les quiere dar las gracias con toda su alma.


Su marido, siempre se ha mostrado más entero y ha tirado siempre de las dos. Se han encontrado muchas piedras por el camino y la vida les ha puesto muchas veces a prueba, pero siempre han sabido sobreponerse. Ahora, sostienen que Julia es lo más maravilloso que tienen.

María José también quiere destacar que su niña tiene dos ángeles de la guarda, la doctora que tras mucho estudiarla, dio con los problemas digestivos, controlados ya, y una de sus tías, que gracias a ella, Julia tiene lo mejor en audífonos.

Y es que Julia es una niña que se hace querer por todos. En un principio se presenta desconfiada, seria y tímida, pero a medida que va cogiendo confianza, te pone esa sonrisa maravillosa que tiene y se acerca con esa delicadeza a tu oído a hablarte bajito con esa voz aterciopelada que es capaz de derretir a un bloque macizo de hielo, terminando con la carita final que pone que te dan ganas de comértela entera. 

Es una niña muy fuerte y a la vez muy sensible (capta de forma instintiva los estados de ánimo, si se está triste, contento, preocupado...), independiente y autónoma, siempre quiere hacer las cosas por sí misma, y siempre buscando alternativas para hacerlas, si no puede de una forma, de otra, a pesar de lo pequeña que es. Ser cabezota es una virtud en ella, ya que la ha hecho aprender y conseguir muchas cosas. Es un ejemplo de superación y siempre va dando lecciones de vida allá donde va.


A Julia le gusta jugar con sus muñecas como una auténtica madraza (desde el nacimiento de su prima  Lucía, Julia con sus muñecas imita todo lo que le hace Esperanza a la niña), ve los tutoriales de Nenuco en YouTube, las monta en su bicicleta... en definitiva, a cualquier cosa le hace una fiesta mostrándose siempre muy agradecida por todo.

Actualmente sólo sigue rehabilitación logopédica, para estimular y trabajar su lenguaje, ya que es su vía de comunicación natural y la que emplea hoy día.

En esta vida siempre tenemos preocupaciones, lo cual a veces convertimos en problemas pero ¿cuál es la medida de las preocupaciones para convertirlos en problemas? ¿qué baremo utilizamos para medirlo? ¿qué tan grave deben ser? Podemos dar respuestas muy subjetivas siempre dependiendo de las circunstancias personales y la vida de cada uno. Con esto quiero expresar que debemos detenernos y mirar hacia nuestro alrededor, ser más empáticos, valorar lo que tenemos y ver realmente cual es el concepto de problema.


                                                                                    Desirée Flor.

sábado, 4 de marzo de 2017

RECOMENDACIONES CULTURALES: "ANTES DE TI"


"Antes de ti" es un película basada en la novela de Joyo Moyes, película británica de drama romántico dirigida por Thea Sharrock, estrenada en 2016 y protagonizada por Emilia  Clarke  (Louisa ) y Sam Clafin (Will).

Louisa (Lou) es una entusiasta, parlanchina, ingenua y alegre veinteañera que jamás ha salido de su pueblo y que debe urgentemente buscar un trabajo para mantener a su familia. En su camino se cruza con Will Traynor, un exitoso hombre de negocios que le gusta el deporte de riesgo y que también creció en el mismo pueblo, y el cual tras sufrir un accidente de trafico, queda parapléjico en una silla de ruedas. 
Debido a su nueva condición, este ex-aventurero ha caído en una profunda amargura, por la que cada vez se encuentra más decidido a suicidarse. El trabajo de Lou será cuidar y animar a  Will. Será entonces cuando la dulzura, la determinación y la optimismo de Lou harán que Will comprenda que la vida es algo que merece la pena vivir. Lou intentará por todos los medios quitarle del pensamiento la idea de acabar con su vida, demostrándole que pese a su estado se pueden hacer muchas cosas.


"Antes de ti" enfrenta la postura entre la eutanasia y la muerte digna, frente al amor y la vida, respetable ambos pensamientos, película en sí que no se deben perder.


jueves, 23 de febrero de 2017

EXPERIENCIAS PERSONALES: "LA SIRENA"


Con la sirena, Andrés junto al conserje del centro, indicaba el inicio, la finalización, y los descansos de la jornada escolar.


Andrés nació un 8 de Mayo, fue un niño deseado y esperado a partir de que sus padres junto a su otra hija de 6 años, comenzaron a disfrutar de cierta estabilidad económica y de su propia vivienda.

Su gestación fue buena, hasta que en el séptimo mes les comunicaron que había una serie de problemas, el niño no recibía bien su alimento. Fueron a pedir una segunda opinión a la sanidad privada y le dijeron que todo estaba bien: de peso, estatura, formación... así que se tranquilizaron, y cuando terminó el periodo de gestación y llegó el parto se volvieron a encontrar, en la sanidad pública, con la misma problemática.

Parto provocado, bajo de peso... Factores que lo llevaron a quedarse ingresado y a pasar un par de semanas en la incubadora.
Una vez en casa y tras ser sometido a su primera Revisión de niño sano, observaron que el niño mantenía una manita “en garra”, los ojitos cerrados, la cabecita ladeada y no atendía a estímulos, como si no viera ni escuchara.

Andrés comenzó a tener convulsiones, y tras la realización de varias pruebas en el hospital, le diagnosticaron Parálisis Cerebral. El especialista que se lo comunicó no fue precisamente con el tacto que se requiere para una noticia de este tipo, fue brusco, frío e inhumano. Dejó muy mal a la familia, dando el peor de los diagnósticos y generalizando la sintomatología.
Y es que ante una patología no se debe generalizar, cada cuerpo es diferente, y dichas patologías se manifiestan de diferente forma en cada organismo y aparecen con distinto ritmo y avance, ya que cada caso es único y algunos de los síntomas pueden aparecer o no durante el transcurso de una enfermedad.
Este mal pronóstico y trato inadecuado, sólo sirvió a la familia de Andrés y sobre todo a su madre, para encarar con más fuerza todas las adversidades que se le vendrían.



Al año y medio comenzó a asistir a Atención Temprana, en la localidad vecina de Medina Sidonia, hasta los tres años, puesto que no fue a la guardería. Allí lo atendió un médico que lo ayudó mucho.

A nivel escolar, asistió al C.E.I.P. Padre Muriel, uno de los dos centros que existen en nuestra localidad, durante un curso. 
En aquel tiempo, el centro no estaba adaptado  ni a nivel arquitectónico ni a nivel de personal, ya que aún no existía aula específica, así que consiguió ayuda y plaza en Upace (Unión de Parálisis Cerebral) en San Fernando.

En aquel centro estuvo dos años con sus rehabilitaciones y estímulos, con la finalidad de potenciar todas sus capacidades.

Tras la creación del aula específica, Andrés volvió al C.E.I.P. Padre Muriel. A estas alturas el centro se encontraba totalmente adaptado, ya había aula específica y monitoras para ello; todo un equipo humano preparado para atender las necesidades de este tipo de alumnado.
Andrés disfrutaba de todas las actividades que ofrecía el centro, carnavales, bailes... estaba muy estimulado por sus compañeros, profesores y personal del colegio (tocaba la sirena junto al conserje, apagaba las luces...), le hacían sentirse importante, uno más...



Lograron que a Andrés le encantara el colegio, fuera contento y entusiasmado, e incluso había días que no quería irse al finalizar. Fue un periodo muy bonito para él, un periodo que duró 8 años, de los 5 a los 13 años.

Llegó el momento de dejar el colegio, y volvió a San Frenando, a UPACE, siguiendo con sus rehabilitaciones, la logopedia y la piscina. Le encanta acudir a la piscina, el agua y las actividades que realiza.

Ahora se encuentra en un periodo de preparación o transición a la vida adulta, realiza  actividades que le ayuden en la vida diaria y a su socialización. También realiza actividades lúdicas como talleres de fotografía y trabajos en el huerto.
En verano asiste a las llamadas “colonias” organizadas por el centro de Upace. Ha estado en dos colonias, en Chiclana de la Frontera y en Algeciras, y en ellas realizan actividades, van a la piscina, a la feria, al cine, de tapas... donde lo pasan fenomenal y están muy bien organizadas.

En este centro también existe un programa llamado “Respiro Familiar”. Este programa consiste en que si las familias necesitan hacer alguna salida o algún viaje, pueden solicitar al centro el dejar a sus hijos en la residencia varias horas, una tarde, un día, o un fin de semana si viven en otras localidades, como es el caso de Andrés, que por dos ocasiones lo han solicitado y se ha quedado fines de semana encantado.

Andrés está muy contento allí, y su familia  lo ve, en sus tutorías y en el entusiasmo que le pone cuando asiste al centro diariamente.

En definitiva, a sus casi 17 años, Andrés es muy feliz, está muy contento y es un niño muy cariñoso a pesar de  sus problemas de comportamiento y conducta, que con la edad se van aplacando.

Le encanta la música romántica y melódica, y es un fiel seguidor de sus dibujos favoritos, Peppa Pig y Shin Chan. Inquieto y luchador, a Andrés le gusta tener cerca a los suyos, hacer las cosas por sí mismo, ir al baño, lavarse los dientes... aunque hay cosas para las que necesita ayuda y es dependiente, como ducharse (tiene adaptaciones en el baño), vestirse (no es viable porque tiene medio cuerpo paralizado), etc. Se maneja bien y sin ayuda en espacios cortos, caminando por  él mismo, y en espacios abiertos utiliza silla de ruedas  para realizar los desplazamientos.
Utiliza una férula en uno de sus pies, ya que tiende al arrastre, y una muñequera en la mano paralizada.

A nivel familiar, sus padres y su hermana han luchado siempre por él. Su padre, por circunstancias laborales, tuvo que estar fuera de casa y no pudo prestarle toda la atención que el niño requería, hasta el nivel de que Andrés no conocía la figura paterna ni la reclamaba. Cuando su padre pudo estar, a Andrés le costó mucho habituarse a él y a éste, aceptar la discapacidad de su hijo.
Su hermana, siempre estuvo ahí para Andrés, pero tampoco lo llevó bien, se atribuía más responsabilidades de las que le correspondían para su edad. Tampoco supo gestionar la atención que le prestaban sus padres tanto a ella como a su hermano, la cual sus padres sostienen que siempre ha sido por igual para los dos. Ahora, desde hace unos años, por circunstancias de la vida (se madura, se tiene pareja, distancia, trabajo,…), se mantiene lejos del núcleo familiar. Mantienen contacto telefónico diario, pero Andrés la echa mucho de menos y reclama su presencia constantemente.



A pesar de todas sus circunstancias, Andrés mantiene su cuerpo móvil siempre, con todas las ganas y fuerzas que posee, siendo un niño inquieto y empujado por su familia, que en ellos encuentra los brazos suficientes para apoyarse y no dejarse caer nunca, luchando y haciendo que su vida sea lo más normalizada posible.



  Pepe (el conserje) al recoger a Andrés de clase a última hora...:
-          ¿Andrés?... ¡Vamos a tocar la sirena! ¡Es hora de irnos a casa!



                                                                                                     Desirée Flor

viernes, 17 de febrero de 2017

CUENTO INFANTIL: LOS MUÑECOS DE ANA


Erase una vez la historia de una niña que se llamaba Ana.

Ana tenía cuatro años y le encantaba ir al colegio. Todas las mañanas su mamá la llevaba a clase, donde la esperaba su "seño" Rosa y todos sus compañeros. Allí aprendían muchas cosas, jugaban, pintaban... pero lo que más le gustaba a Ana era llegar a casa y poder jugar con sus muñecos. Los cambiaba de ropa, les cepillaba el pelo, los paseaba en su coche, pues los muñecos tenían su propio coche y su casita.

Ana tenía muchas muñecas pero tenía tres que eran sus favoritas. Se llamaban Julia, Andrea y Estela.
Siempre, siempre jugaba con ellas.

Cada noche Ana las acostaba a dormir en sus camitas, les daba las buenas noches y se iba a dormir.
Lo que Ana no sabía ni imaginaba es que en ese momento sus muñecos cobraban vida, se levantaban de sus camas, se iban a jugar, se paseaban en el coche... todas las noches la casa era una fiesta y una aventura para ellos. Salían al jardín y hacían exploraciones, se bañaban en la piscina y volvían loco a Bruno, el perro, que era el único que lo sabía.

Un día, como todos al volver del colegio, Ana se puso a jugar con sus muñecos, y estando con sus tres amigas Julia, Andrea y Estela, por un descuido de Ana, Julia se cayó y se partió una pierna. Ana intentó arreglarla pero ya no quedó igual. Ana se sentía muy disgustada y preocupada.

Llegó la hora de dormir, y los muñecos volvieron a la vida, pero Julia no podía caminar y no podía jugar con sus amigas, explorar o hacer excursiones por el jardín. Así un día, otro y otro. Julia estaba muy triste y sus amigas muy preocupadas.

Una noche, Ana se despertó al escuchar un ruido. Salió de su habitación y encontró a todos los muñecos llenos de vida por la casa. Observando escondida vio a los "pin y pon", algunos pitufos, a Barbie y Ken y a sus dos amigas Andrea y Estela. Echó en falta a Julia. Le extrañó no verla porque siempre estaban las tres juntas.

Ana volvió a su habitación y miró en la casita de muñecas. Allí en su camita encontró a Julia. A partir de ese momento Ana se levantaba todas las noches a observar a sus muñecos. Veía como todas las noches Julia y sus amigas se quedaban en la casita porque Julia no podía caminar.

Entonces Ana, al ver esto, fabricó una silla de ruedas de palitos y lo dejó en la casita.

Cuando llegó la hora, los muñecos volvieron a la vida y Julia vio su silla. Con ella y con la ayuda de sus amigas, Julia pudo unirse  a los otros muñecos y a las exploraciones del jardín, de distinta forma, a distinto ritmo y con ayuda, pero volvió a ser una más. 


Desirée Flor.

jueves, 9 de febrero de 2017

EXPERIENCIAS PERSONALES: "CLAUDI, UNA SONRISA CONSTANTE..."

Ochenta... de ochenta no debía bajar el respirador artificial que le colocaron a Claudia nada más nacer, vigilado todos los días por su madre cuando iba a verla al nido en el hospital.

Nació con seis meses, aún sin sus pequeños pulmones formados y pesaba sólo un kilo.

Claudia pasó los dos primeros meses de su vida en una incubadora y durante este periodo pasó por tres fases, una en las que María José (su madre) la observaba por unos cristales, después pasó a poder entrar y estar con ella, y por último, ya la dejaron darle el biberón.

María José tuvo a Claudia con 35 años, ya tenía a su primer hijo de 7 años, y la niña tenía prisa por nacer. El embarazo transcurrió con normalidad, pero empezó a notarse molestias y se puso de parto mucho antes de lo previsto. Los médicos no sabían si la niña venía bien o no, pero se sobrepusieron a la situación y Claudia llegó un 13 de Enero con todas las fuerzas del mundo.

Sus primeros meses pasaron positivamente, hasta que llegó la etapa de incorporación, gateo y marcha, donde tras la realización de varias pruebas, detectaron una parálisis en sus piernas.
Tras un devenir de especialistas y hospitales, Claudia terminó asistiendo a la Unidad de Atención Temprana en San Fernando durante siete años. Allí era atendida por un psicólogo, logopeda y un fisioterapeuta.

También en este periodo le colocaron unas férulas en los pies, e iba iniciando su marcha ayudada por un andador, ya que su cadera y piernas presentaban rotación y la hacían muy inestable. Sufría caídas por su falta de equilibrio.

En este centro, desde psicología, le recomendaron que fuera a la guardería donde la ayudarían a relacionarse, socializarse... en definitiva, a soltarse en muchos aspectos. Fue un periodo muy bueno tanto para Claudia como para su madre, ya que la ayudó a quitarse muchos miedos. Miedo a las caídas, a dejarla sin su protección y amparo, y miedo a la no aceptación por parte de los otros niños.



Comenzó su periodo escolar, primero y segundo de primaria los cursó en el “C.P.R. Antonio Machado”centro de su pedanía, San José de Malcocinado (Medina Sidonia), para más tarde en tercero de primaria ser acogidos en el “C.E.I.P. Padre Muriel”, en Benalup - Casas Viejas, desde donde son trasladados en autobús. Para Claudia esto no ha supuesto nunca ningún problema, ya que sabe sobreponerse a las circunstancias y ella va en el autobús con sus compañeros y la monitora, que la ayudan con su mochila, a subir y a bajar de dicho transporte.


Para su estancia en clase y estar correctamente sentada tantas horas, durante su paso por los dos centros utilizó un corsé-silla. Este aparataje lejos de provocar burlas o rarezas en sus compañeros, lo vieron con la máxima normalidad y naturalidad, lo que le proporcionó bastante tranquilidad y seguridad.


Le dieron el alta en psicología, más tarde en logopedia y finalmente sólo asistía al centro para realizar su rehabilitación con el fisioterapeuta. Durante un tiempo se mantuvo esta situación, pero las idas y venidas a San Fernando se convirtieron en un trastorno para la niña y decidieron buscar un fisioterapeuta más cerca y accesible, y así entró en juego la figura de María en la vida de Claudia.

Para Claudia, María es una persona muy importante, es su fisioterapeuta, su amiga y su confidente. Aunque Claudia se presenta como una niña tímida, tiene mucho carácter, las dos hablan mucho y mantienen una relación muy estrecha. María lleva mucho tiempo tratándola y la conoce muy bien. Imagino que para ella, Claudia es muy especial y es su niña.

Los especialistas, al cabo del tiempo, tratando con nosotros se convierten en parte de nuestra vida, en personas que terminan conociendo además de nuestro cuerpo y nuestras limitaciones, muchas de nuestras facetas y personalidad, cuando estamos tristes, alegres, frustradas, nos preocupa algo... como digo yo: es una relación muy estrecha y personal.

Con su María, Claudia realiza rehabilitación en la consulta y en la piscina (medio donde le es muy fácil trabajar y le encanta). Resiste su tratamiento y todo lo que se le hace con su mejor cara, siempre con buena actitud y una gran sonrisa. Sonrisa que le regala cada vez que va a ver a María a su consulta.

Claudia es una niña muy feliz e inquieta, su madre nos dice que no se detiene ante los obstáculos que se plantean, no se amedrenta, siempre está haciendo cosas y tiene gustos muy variados. Se la puede ver corriendo en las carreras organizadas por el colegio, tocando el piano en certámenes de música del pueblo, escribe en concursos del colegio, y dentro de la música, su cantante favorita es Malú, a la que fue a ver a uno de sus conciertos el verano pasado. 

En definitiva, ganas de vivir, actitud positiva, lucha y sobreponerse a los obstáculos... esta es Claudia.

Actualmente, tiene 11 años, cursa quinto de primaria en el C.E.I.P. Padre Muriel, la relación con sus compañeros y profesores es fantástica, es muy buena estudiante y no presenta problemas a nivel cognitivo. Se le retiró el corsé silla y hoy día sólo utiliza sus férulas, ya que su postura sentada es correcta, sólo necesita tener sus pies apoyados en el suelo. Tampoco utiliza andador, aunque su marcha es un poco inestable y siempre se le presenta un poco de inseguridad y miedo a la hora de tener una caída y hacerse daño, por eso va con cuidado y conoce sus limitaciones.

A nivel de centro, el C.E.I.P. Padre Muriel es un centro totalmente adaptado tanto en eliminación de barreras arquitectónicas como en adaptación de las actividades que realiza, con la finalidad de posibilitar la participación de todo su alumnado.


Coqueta y presumida, le encanta la ropa, los brillantes y las tiras en los zapatos, los cuales usa en algunas ocasiones sin complejos, dejando descansar a sus férulas.

Como dijimos anteriormente, Claudia es una niña absolutamente feliz, valiente y con todas las cosas de una niña de 11 años.


“....ya no vuelvo a caer, he aprendido a lamerme las heridas,
a ponerme el mundo bajo mis pies,
levantarme y correr,
cada vez que una herida me lastima,
sé que algo bueno viene después,
yo puedo,
yo quiero,
yo he aprendido a respirar del cielo,
yo quiero,
yo puedo,
yo puedo volar...
vivir en libertad...”


“Quiero”, Malú.




Desirée Flor.


jueves, 26 de enero de 2017

DOCENCIA: VOCACIÓN + PACIENCIA

Estas dos particularidades, entre otras, son dos de los ingredientes fundamentales que debe tener la persona que se dedique a la enseñanza, y tienen que estar más presentes aún si las personas con las que trabajan poseen características especiales, si tienen alguna discapacidad, puesto que son personitas que requieren de una atención más adaptada, personalizada y cercana, requieren una metodología y estrategias de aprendizaje diferentes.

Con este artículo se pretende acercar a los lectores a las personas que se dedican a la docencia sobre todo los maestros de Educación Especial. Para ello, y basándonos en la experiencia,  hemos recurrido a Tamara Gómez Cabeza, maestra de Educación Especial que actualmente ejerce en primaria en el C.E.I.P. Padre Muriel, en Benalup-Casas Viejas.

Tamara nos cuenta que siempre quiso dedicarse a la enseñanza, que lo suyo fue por vocación y por curiosidad. Curiosidad por cómo aprendían estos niños y cómo se les atendía, aunque no tenía ningún contacto con la discapacidad, ni familiares ni amigos, ni alguna historia detrás que le hiciera inclinarse por la educación especial.

Sin motivo aparente estudió esta especialidad, y mientras preparaba oposiciones tuvo su primera oportunidad. Un caso particular, una niña cuya madre estaba en una etapa de preocupación, desconcierto, de búsqueda de soluciones, etc. Una niña que tenía a su alcance todo el material, las terapias, atención, amor, participación de la familia y la lucha por parte de estos. Se dieron avances pero cuanto más grandes eran éstos mayores eran los retrocesos. Tamara recuerda este caso muy difícil y frustrante, no por la niña, sino por ella misma. Finalmente se optó por aceptar que no se podía más, que había un límite, no más terapias y dejar que simplemente fuera feliz.
Con los niños con discapacidad se debe aceptar, tanto la familia como la escuela, que cada niño es diferente, cada uno tiene sus capacidades y limitaciones, así como su propio ritmo, no hay que forzarlos.
Para Tamara, este caso siempre será muy especial y lo recordará con mucho cariño.

Aprobó las oposiciones y su primer centro fue el C.E.I.P. Doctor Thebussem, en la localidad de Medina Sidonia en el año 2003, con tan sólo 22 años. Se enfrentaba a un claustro mayor y a la sombra del último maestro de Educación Especial que tuvo una intervención impecable, muy difícil de igualar. A pesar de ello recibió mucha ayuda de sus compañeros.
Encontró muchos casos de alumnos con dificultades en el aprendizaje, y otros con Síndrome de Down, cuya relación y aprendizaje mutuo jamás olvidará.

Después de su andadura por Medina Sidonia, volvió a casa, a Benalup- Casas viejas, a su centro, donde estudió de pequeña y sus compañeros ahora, habían sido sus maestros.
Tamara confiesa que en esta etapa aprendió más que en los tres años de carrera.
Se encontró con casos mayoritariamente de dificultades de aprendizaje, desfases curriculares, alumnos en riesgo de exclusión social, de etnia gitana... un “revuelto de problemáticas” a las que debía atender con sus diversas circunstancias.

Y es que en sí, todos los alumnos son diferentes, especiales, con particularidades que los hace únicos, ya no sólo los que tienen alguna discapacidad. Y es que todos los días son distintos, no hay nada estático, cada día es una explosión de dinamismo en lo que todo está siempre en movimiento porque se trabaja con personas cambiantes en comportamientos, estado anímico, que tienen sentimientos y almas limpias y puras y más si hablamos de alumnos con necesidades educativas especiales.

Ese año Tamara llevaba el “Aula de Apoyo a la Integración”, ya con más experiencia y seguridad a la hora de exponer planteamientos, utilización de metodología, materiales, adoptar estrategias, utilización del protocolo... Y es que en la detección de necesidades educativas o discapacidad en los alumnos, dependiendo de la edad, se realiza en la mayoría de los casos por parte de la USMI (Unidad de Salud Mental Infantil) de Puerto Real, por la Unidad de Psiquiatría de Vejer de la Frontera o a veces por el mismo pediatra. En algunos casos son los padres los que no dan la autorización para que estos niños con dificultades reciban una atención especializada. Se encuentran paralizados en la fase de la negación de algún problema, e intentan que sus hijos sean como los demás. Hay veces en los que se llega a una aceptación y posibilitan la actuación, y otras por el contrario, nunca llega a producirse.
Nuestra entrevistada confiesa que ha vivido esta circunstancia en alguna ocasión.

Su tercer centro fue en la localidad de Paterna de Rivera, el C.E.I.P. Perafán de Rivera. Este iba a ser su destino definitivo, pero al quedarse embarazada tampoco quería estar muy lejos de casa.
Fue una etapa de sustituciones. No le gustó la experiencia, no le llenaba, no se sentía realizada. Transcurrió su embarazo, y en este periodo se le pasaron muchas cosas por la cabeza al conocer muchos trastornos, síndromes, enfermedades físicas, degenerativas... algunos conocidos por su experiencia, y otros por haberlos estudiado durante la carrera, pero no se obsesionó con ello.

Tamara nos explica que siempre hay que mirar porque el niño tenga una cierta calidad de vida, importante para su posterior desarrollo.

Tras su tiempo en Paterna, el nacimiento de sus hijos y pedir una comisión de servicios por precisamente la aparición de la discapacidad en un miembro de su familia, Tamara volvió de nuevo a Benalup-Casas Viejas, al C.E.I.P. Tajo de las Figuras, pero como maestra de primaria, aunque nunca ha dejado de tener contacto con niños con necesidades educativas especiales, pero ya de forma diferente, en un aula ordinaria donde tiene a “el charlatán”, “el listillo”, “el que le cuesta más”, “el de alguna adaptación curricular”... un aula con veinte alumnos, cada uno único, con capacidades y circunstancian diferentes.

Nunca estamos exentos de que, ya sea por una enfermedad o un accidente, aparezca la discapacidad en nuestra vida. Para ello, se debe tener una actitud positiva, conocer nuestras limitaciones y en base a eso, actuar y empezar a reconstruir nuestra  vida, no con menos valor ni pensar que es menos válida, sino de forma diferente.

No le frena ni se asusta la llegada a su aula de un alumno con discapacidad, de hecho sus compañeros de Pedagogía Terapeútica sostienen que es muy fácil trabajar con ella. Cada alumno con necesidades educativas especiales llega con su informe debajo del brazo, pero Tamara no es de etiquetas, prefiere comprobarlo de primera mano, a veces coinciden esos informes con su punto de vista, pero otras no.

Después de dos años en este centro, su destino definitivo por primaria será el C.E.I.P. Padre Muriel, otro de los colegios de nuestro pueblo. En este sentido, Tamara tuvo mucha suerte, porque no recorrió toda Andalucía como muchos maestros, siempre estuvo cerca de casa.

El C.E.I.P. Padre Muriel es un colegio maravilloso, del que los vecinos de Benalup-Casas Viejas deberían estar muy orgullosos de tener un centro de estas características, no ya por los profesionales que lo forman, sino también por las instalaciones de las que dispone.
Es un centro muy grande, de tres líneas, y a pesar de ser antiguo, ha sufrido reformas que la ha llevado a perder cualquier barrera arquitectónica, convirtiéndose en un centro totalmente accesible. Gracias a la lucha del Equipo Directivo y de los padres, se ha llegado a crear un centro dotado de Aula Específica, de dos maestros de educación especial, dos monitores, logopeda, de maestros de compensatoria... un gran equipo que atiende cualquier tipo de necesidad que se presente en el alumnado.

Las relaciones entre el alumnado, el profesorado y el alumnado con necesidades educativas son excelentes. Los niños son muy solidarios y el trato con el alumnado con discapacidad está muy normalizado, se prestan ayuda mutuamente y se adaptan todas las actividades que el centro realiza para que este alumnado participe. Además está dotado de un programa llamado Integración Inversa, alumnos de educación especial asisten al aula ordinaria y alumnos del aula ordinaria a la de educación especial, para que así adquieran conciencia social y se muestren empáticos.

El “colegio de arriba” es donde actualmente trabaja Tamara, que a través de su testimonio nos ha acercado a la escuela y a la figura del maestro.

Gracias por esa dedicación a nuestros niños, por educarlos no sólo en contenidos, sino formar a personas en valores, en emociones, desde el respeto y hacer que se sientan queridos.

Desirée Flor.